“Los sentimientos son sólo una parte de lo que somos. De hecho somos mucho más que eso.

Una emoción llega, se queda un tiempo y después desaparece: toda emoción se transforma, incluso por intensa que esta sea. Y, sin embargo, todos los días se suicida alguien a causa de estos sentimientos, porque no saben como manejar sus emociones. Creen que la única manera de huir de este sufrimiento es suicidarse. Los sentimientos se adueñan de nosotros y nos arrastran como un huracán.

Observemos un árbol en medio de una tormenta. Las ramas son movidas por el viento de aquí para allá, pero el tronco está sujeto con fuerza al suelo por las raíces. Si nos vemos en medio de una tormenta como esa, no tenemos que penetrar en nuestra cabeza, en la que los pensamientos van y vienen como las hojas de un árbol movidas por el viento. Debemos sentarnos con tranquilidad y colocar las manos en el estómago. Sentir como el abdomen sube al aspirar y baja al espirar.

En lugar de darles vueltas a nuestros pensamientos, en los momentos de fuertes sentimiento debemos hacernos conscientes de nuestro cuerpo; hay que acudir al tronco, que está fuertemente enraizado en la tierra hasta que consigamos tranquilizarnos y estar otra vez en disposición de tomar una decisión”. Thich Nhat Hanh

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