“Afectividad es un estado de afinidad profunda hacia los seres, capaz de originar sentimientos de amor, amistad, altruismo, maternidad, paternidad, compañerismo. Sin embargo, sentimientos opuestos como la ira, los celos, la inseguridad, la envidia, pueden considerarse componentes del complejo fenómeno de la afectividad. A través de la afectividad nos identificamos con otras personas y somos capaces de comprenderlas, amarlas y protegerlas, pero también de rechazarlas y agredirlas” (Rolando Toro).

El coeficiente afectivo es aquel que mide la capacidad de una persona para establecer vínculos nutritivos a través de 4 elementos claves:

*La capacidad para comprender empáticamente a los otros: consiste en la habilidad de una persona para reconocer, entender y respetar las perspectivas de los otros, así como dirigirse hacia ellos de manera amable y libre de juicios.

*La capacidad para identificarse con las emociones de otras personas: consiste en la habilidad de los sujetos para reconocer las emociones expresadas por otros y establecer diálogos coherentes con el tono afectivo presentado.

*La capacidad para expresarse verbal y corporalmente de manera sincera: consiste en la congruencia expresada a través del lenguaje verbal y no verbal durante el encuentro con otros.

*La intensidad de la energía amorosa: relacionado a la capacidad de una persona para sentir afecto genuino con intensidad y profundidad, tanto sobre sí mismos, hacia otros y hacia la naturaleza.

Estos 4 elementos, pueden ser analizados de manera personal a través de un proceso de autoobservación, introspección y reflexión, relacionado a cada uno de ellos, durante el cual se reconozcan las fortalezas y áreas de oportunidad para aumentar el coeficiente afectivo mediante la reeducación afectiva, comprendiendo que La afectividad es un estado evolutivo superior que no va necesariamente unido a la sensibilidad ni a la inteligencia y constituye una expresión plena de la identidad.

La afectividad, y, por tanto, el coeficiente afectivo, están influidos por determinantes genéticos, epigenéticos y neuroendocrinos, así como por antecedentes biográficos personales y familiares. A su vez, existen otras vías que pueden restablecer y autorregular la afectividad haciendo posible el aumento del coeficiente afectivo, y, por tanto, de la capacidad de las personas de establecer vínculos saludables que nutran su estructura ecológica humana.

Autora: Psic. Jovana Villalobos

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