En este artículo hago alusión a dos estados de  ánimo fundamentales de comprender, tal como son: el resentimiento y la paz. La realidad que creamos en la relación de pareja puede estar directamente asociada con el estado de ánimo que habitamos, de tal manera, que para iniciar, te dejo estas primeras preguntas de reflexión:

*¿Cuál de estos dos estados de ánimo (resentimiento o paz) hace presencia de manera marcada en tu relación de pareja?

*¿Cuál es el impacto en lo cotidiano dentro de esta forma emocional de relación?

*¿Qué relación tiene con tus patrones referenciales familiares y culturales?

Al entrar en el dominio de lo emocional, es importante comprender que las emociones nos predisponen para la acción, afectan nuestro desempeño, contribuyen a definir los posible o lo imposible, nos constituyen como seres humanos pues siempre estamos en ellas, son contagiosas y cambiantes, afectan y son afectadas por las conversaciones y todos tenemos un repertorio emocional aprendido.

 Las emociones son superficiales y efímeras, se suceden con rapidez y remiten a eventos concretos. Un acontecimiento importante no resuelto emocionalmente puede convertir una emoción en un estado de ánimo. Los estados de ánimo son más profundos y recurrentes que las emociones y no siempre es posible señalar el evento que lo desencadenó (situaciones inconscientes del pasado sin resolver que te afectan en el presente). Las personas comienzan a caracterizarse según el estado de ánimo y a partir de ello, justifica todo lo que le acontece, de tal manera que sus posibilidades quedan absolutamente condicionadas por el estado de ánimo.

El resentimiento emerge como estado de ánimo cuando suceden hechos fácticos dentro de la relación de pareja o en otros ámbitos de la vida, que no son elaborados emocionalmente, no son conversados, ni afrontados de manera idónea, por lo cual, no se da el proceso de elaboración y aceptación de los mismos, de tal manera que la persona queda enganchada en la rabia/dolor por el evento que pasó, juzgando el mismo como injusto, asumiendo la posición de víctima y culpabilizando al otro de lo acontecido, situación esta, que niega y compromete los espacios de crecimiento y aprendizaje personal. Así, el resentimiento profundiza nuestra impotencia y nos arrebata la libertad, nos convierte en esclavos y genera espíritu de venganza, ¿de qué manera te sientes identificada/o con estos aspectos? ¿cómo está afectando esto tu vida y tu relación de pareja?.

El resentimiento se radicaliza en los espacios donde existe un inadecuado manejo de poder, por lo cual hay dificultad para conversar, miedo para hacer reclamos frente a las promesas incumplidas, miedo para expresar abiertamente inconformidad y mostrar la vulnerabilidad humana, de manera tal que donde reina el temor, existe espacio para el resentimiento. Es una gran paradoja porque hemos sido educados para vivir en resentimiento desde los paradigmas de la civilización patriarcal, de tal manera que es altamente posible que nuestros patrones referenciales previos, tales como nuestros abuelos, padres y jefes, operaran bajo esta mirada, que no está ni bien ni mal, sin embargo, es importante tomar conciencia de como el resentimiento NORMALIZADO CULTURALMENTE FORMA PARTE DE NUESTRO ESTADO EMOCIONAL. 

Este estado emocional nos hace vivir, una y otra vez, el enojo y el dolor que lo acompaña y nos impide disfrutar plenamente de la vida (por la falta de elaboración y aceptación). Además, la ira, que es parte del resentimiento, deteriora nuestras relaciones y daña nuestra salud, porque nos afecta de la misma manera que el estrés, es decir, que el resentimiento más que afectar a quien te vulneró, afecta tu propia vida, y peor aún si se trata de tu vida en pareja y tu vida familiar.

Para pasar del resentimiento a la aceptación y recuperar la paz requerimos:

1) Tomar la decisión de recuperar la paz. Declararnos aprendices abiertos a una nueva filosofía para vivir la relación con nosotros mismos y con el otro (pareja, hijos, iguales, etc), que trascienda los valores patriarcales y nos abra a espacios afectivos nutricios y de bienestar. Estar en paz es el mayor acto de rebeldía en una civilización que ha normalizado el resentimiento, el desamor y el sufrimiento neurótico.

2) Asumir con coraje (la fuerza del corazón que ama) la valentía para sanar, asumiendo el dolor (negado) con la profunda FE y convicción de que una fuerza superior dirige el proceso (reconocer que somos seres amorosos espirituales), trascendiendo con coraje la resistencia a ver nuestra propia sombra (personal/familiar/cultural), entregándonos a la vivencia de liberarnos de creencias, sensaciones y emociones negadas. Reconociendo desde la humildad nuestra vulnerabilidad y grandeza en el encuentro sanador con el espejo que es el otro. 

3) Perdonar. La declaración de perdón es fundamental, a nosotros mismos y a los otros. Cuando se vive el proceso se produce la reconciliación con la factibilidad y vivimos en armonía con las posibilidades que nos fueron cerradas anteriormente.

Asumir el compromiso y la responsabilidad de crecer, aprender y transformarse, para hacer de la relación de pareja un espacio donde ambos brillan, donde nadie somete a nadie, pues es un espacio íntimo y genuino para mostrarnos y ser nosotros mismos desde el respeto y la aceptación de todos, en la posibilidad de crear nuevas formas de vivir alineadas con la paz y el bienestar mutuo, un verdadero desafío pues nos toca crear una nueva forma de relación que es desconocida para muchos, donde el perdón es la llave para abrir nuevas posibilidades. ¿estas dispuesta/o a perdonarte y a perdonar?.

Recuerda que «lo que pasó, pasó», y solo queda la posibilidad de aceptar ese hecho fáctico para poder reinterpretar y perdonar.

Autora: Yesenia Fernández. Terapeuta Familiar y de Pareja.

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