Las relaciones son del tamaño de sus conversaciones.

Mientras más expansivas y profundas sean las conversaciones de las relaciones, estas serán más íntimas y genuinas, generando en cada uno de sus miembros amplias oportunidades para crecer y expandirse desde el SER, o por el contrario, mientras más superficiales y menos genuinas sean las conversaciones, menos oportunas para crecer, limitadas en el hacer, el parecer y el poseer.

Conversar es una danza entre el hablar y el escuchar, una danza en la que se va creando sentido entre dos interlocutores, en este caso nos referimos a la pareja.

Existe sin duda, una interacción básica entre estos dos aspectos del lenguaje humano, que a su vez están influidos, tanto por las emociones y estados del ánimo, como por la corporalidad que se hace presente en dicho proceso. Sin embargo, en esta oportunidad iniciaré el recorrido de este escrito, centrándome básicamente en la introducción hacia el «Arte de Escuchar».

En todo este proceso la escucha tiene un papel fundamental para las relaciones. A nivel general, resulta ser una de las competencias más importantes en un ser humano, ya que a partir de ella, se construyen las relaciones personales, se interpreta la vida, se proyecta hacia el futuro y se define nuestra capacidad de aprendizaje y de transformación del mundo.

En las relaciones de pareja en las que algún miembro verbaliza no sentirse escuchado, es altamente posible que exista un bajo nivel de satisfacción, la sensación y el juicio de “No le importo al otro”, lo cual afecta seriamente la dignidad humana y se convierte en una fuente de dolor y frustración dentro de la relación.

¿Quién es el que no escucha? ¿Tú o yo?. Frente a estas preguntas hay una respuesta posible. Los problemas de escucha resultan ser recíprocos en la mayor parte de los casos, es decir quien no se siente escuchado, normalmente tampoco sabe escuchar al otro.

Para la resolución de esta situación, es importante pararse en la humildad del aprendiz, siendo indispensable comenzar trabajando con la propia escucha de quién no se siente escuchado. De tal forma que el cambio del otro será el resultado de nuestro propio cambio. Se logrará la escucha del otro una vez que se haya aprendido primero a escuchar mejor, evaluando al mismo tiempo la forma de hablarle, aprendiendo maneras diferentes a las que normalmente se utiliza.

Este es un camino posible y efectivo, depende de tu apertura al aprendizaje y tu disposición a asumir la responsabilidad de la coparticipación en el resultado de las conversaciones en la relación.

Autora: Especialista Yesenia Fernández. Terapeuta Familiar y de Pareja.

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