El ciclo de la vida, es una ronda en espiral donde se repiten procesos básicos para sostenerla. Nacimiento, crecimiento y muerte es lo más común en los diferentes estratos de la vida. Entre las plantas, animales y humanos podemos observar varias similitudes en dicho proceso.

Los seres humanos, participamos de un ciclo vital que ha sido estudiado ampliamente por la psicología como Desarrollo Humano. Iniciando durante la gestación, nacimiento y primeros meses de vida, los estudios han demostrado que las personas  aprendemos desde el vientre materno los primeros patrones emocionales y conductuales a través de nuestra madre. Las vivencias y prácticas que las madres tengan, pueden influir de manera significativa en la vida del futuro bebé. Por ejemplo, se ha observado que los hijos de embarazadas que escucharon música específica durante su gestación, son más propensos a responder a dicho estímulo auditivo durante los primeros meses de vida y por varios años más. Las emociones de una madre también impactan de manera directa la vitalidad del bebé: su movimiento, apetencia, calidad del llanto, entro otros, son influenciados por el estado de ánimo de la madre.

Durante los primeros años de vida y durante toda la infancia es el momento en que la nueva persona desarrolla más habilidades motoras y lingüísticas que son muy importante estimular para que se expresen en su máximo potencial. Existen edades esperadas para cada avance evolutivo. Cuando un niño no ha desarrollado ciertas habilidades (sociales, del lenguaje, de la motricidad, familiares, morales, sexuales, entre otros) es importante asistir a un profesional que realice una evaluación evolutiva del infante.

Por su parte, la adolescencia es conocida como una etapa de transición de alta intensidad, por ser el rango etáreo donde las hormonas producen los cambios físicos y emocionales más importantes del ciclo vital que representa la construcción del nuevo adulto. De la adolescencia en adelante, las áreas de la vida que más cambios tienen en el ser humano son la emocional, familiar, moral y sexual en un desarrollo normótico, pues cuando hay una enfermedad o accidente mayor pueden haber alteraciones de las áreas motrices y del lenguaje en cualquier fase del ciclo vital.

Durante la adultez se organizan las áreas profesional y laboral del ser humano, que siendo la de menos relación con elementos biológicos, son las de mayor prevalencia durante esta etapa que es la más larga (entre los 18 y 60 años y pasa por la adultez joven, intermedia y tardía). Esta es una etapa del ciclo donde el ser humano toma responsabilidad sobre su propia vida y se orienta en dirección de lo que desea para sí mismo. Es muy común la desorientación sobre ello y la ausencia de sentido de vida, por lo cual se desarrolla con mayor prevalencia trastornos del estado de ánimo como depresión y ansiedad. Un adulto responsable es aquel que busca apoyo y ayuda cuando así lo necesita.

El cierre del ciclo se da con la vejez, cuyas calidad será determinada por el estilo de vida, las vivencias y experiencias de las fases previas. Es una etapa caracterizada por “el retiro” de los espacios que durante años fueron más comunes, la reflexión de los aprendizajes obtenidos, mayor apreciación de la vida en general y de elaboración de la relación con la muerte (temor, confianza, entre otros).

Estos elementos son apenas generalidades de cada momento del proceso evolutivo de las personas. Para su estudio más profundo es importante buscar biografía sobre el Desarrollo Humano y las fases que sean de su interés que cada una se desglosa en infinidad de información sobre cada área y aspecto del ser, siendo importante destacar también que cada persona es única y asumimos el compromiso en acompañar desde la historia, capacidades y potencialidades propias de cada ser.

Autora: Psic. Jovana Villalobos

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