Los instintos poseen una poderosa influencia en el comportamiento humano, pues corresponden a impulsos primordiales de adaptación orgánica que impactan la conducta y se proyectan en el estilo de vida. La etología comparada fundada por Konrad Lorenz, es la disciplina que considera que la base de la conducta animal son los comportamientos instintivos, mostrando que el origen del comportamiento de los seres vivos, incluyendo al ser humano, acontece mediante un mecanismo de impronta que permite a los seres aprender para sobrevivir. Sin embargo, el autor planteó que el mundo instintivo del hombre está muy desordenado y que no le basta el ‘instinto’ para saber lo que tiene que hacer. Necesita otra cosa que se llama cultura. Esta teoría convirtió a Lorenz en una celebridad. En 1965 publicó ‘La evolución y modificación de la conducta’, su primera gran obra y su línea de investigación le llevó a ganarse el premio Nobel en 1973.

Los fundamentos teóricos descritos por Lorenz, han servido de inspiración a Rolando Toro, otro autor que, basado en el principio biocéntrico, desarrolló aportaciones novedosas en ese tema y construyó un sistema de Desarrollo Humano que trabaja para el rescate de los instintos. Según Toro, los instintos son “impulsos innatos que constituyen verdaderos mandatos biocósmicos que estructuran, a través de la vida, las motivaciones existenciales. El instinto en realidad es una red orgánica de impulsos hereditarios, destinados a la autoconservación.  No se trata sólo del instinto sexual sino de todos los instintos, cuya función es la conservación de la vida…El instinto es una conducta innata hereditaria que no requiere aprendizaje y que se desencadena frente a estímulos específicos. Su finalidad biológica es la adaptación al medio para la sobrevivencia de la especie”.

En su análisis de la teoría de los instintos, Toro propone 12 Instintos esenciales, siendo estos: Alimentario, Maternal/Altruista, Sexual, Seducción, Guarida, Migratorio, Lucha/Fuga, Exploratorio, Gregario, Equilibrio/Reposo, Autocentrismo y el instinto de Fusión. A su vez, indica que estos poseen características universales que son: innatos, invariables, específicos, involuntarios, secuenciales, diferenciados, cumplen una función de sobrevivencia y se autorregulan.

En la actualidad, en nuestra cultura escindida, existe lo que Lorenz denomina una atrofia instintiva, o peor aún, una hipertrofia instintiva, lo que corresponde a una disminución importante de la capacidad de expresión del instinto, en parte por el no uso de nuestros comportamientos innatos, o por un desvirtuado y patológico uso de los mismos. En la misma dirección, Rolando Toro hizo una crítica de los actuales métodos de organización social que acostumbramos los humanos en los que “el Instinto de la solidaridad intra-especie desaparece con las políticas del individualismo y las economías neoliberales. El resentimiento social y la soledad son las expresiones de un capitalismo salvaje”.

En el mismo orden de ideas, el autor planteó “la represión de los instintos ha traído como consecuencia el deterioro de los estilos de vida y ha puesto a la humanidad en peligro de extinción”. Así mismo agregó que, “no hay la menor posibilidad de evolución hacia lo divino sin la base instintiva de la vida, los instintos pueden fácilmente pervertirse y generar comportamientos opuestos a la esencia misma del instinto”. A la vez, señaló que el aprendizaje puede permitir la manifestación de los instintos o bien obstruirlos, pervertirlos o desorganizarlos. Al respecto explicó:

  • La obstrucción de los instintos consiste en impedir sus manifestaciones.
  • La perversión es la desviación del sentido biológico del instinto.
  • La desorganización es la disociación caótica de los instintos

Rolando Toro, en su afán por la recuperación de un sentido biológico primordial y el rescate de los instintos ha desarrollado un análisis sobre como en nuestro tiempo se manifiestan los instintos desde una forma patológica:

  • El instinto de conservación naufraga en medio de las incitaciones a la guerra y a simbolismos territoriales y crea muchas veces estructuras paranoide y complejos de amenaza.
  • El instinto alimentario ha sido destruido por las campañas de propaganda de alimentos envasados, la perversión del instinto alimentario se manifiesta en el aumento de la obesidad y la anorexia.
  • El instinto de nido, de caverna, de hogar, se ha perdido por la intromisión de la televisión en los hogares y la falta de motivación hogareña.
  • El instinto de lucha ha degenerado en masacres totalitarias, terrorismo y violencia urbana.
  • La necesidad de proteger el territorio crea extraordinaria violencia entre los pueblos los cuales no optan generalmente por soluciones pacíficas.

El rescate del instinto desde su sistema de Desarrollo Humano corresponde a una propuesta cuya función primordial es re-otorgarle valor a la vida y no sólo a la vida individual, sino también al complejo sistema viviente que es el universo en su totalidad, las propuestas son:

  • Rescatar los instintos cuya función es la conservación de la vida.
  • Dar a las personas la oportunidad de comunión y empatía.
  • Luchar contra las ideologías y los prejuicios.
  • Reforzar y expresar la identidad y la seguridad en sí mismos eliminando los factores paranoides.
  • Devolver a la conciencia de la humanidad el sentido de sacralidad de la vida.
  • Aumentar la conciencia ética cuya fuente es la inteligencia afectiva.

Considerando esto, se puede decir que la base instintiva corresponde a la mayor posibilidad de alcanzar en plenitud una mejor evolución de la especie humana, ocupándonos de nuestras necesidades biológicas, sociales y medioambientales. Aunque el aprendizaje y la experiencia modifiquen esos impulsos de diversas maneras, la tarea más urgente es rescatar la base instintiva de la vida y buscar orientación en esos  impulsos primordiales.

Autores: Teresa Romero y Jovana Villalobos

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