Vivimos constantemente conectados a las redes sociales, al teléfono, la televisión, el trabajo, entre otros, e irónicamente, con quién menos nos conectamos, es con nosotros mismos, ¿Y si te dijera que precisamente esta desconexión, puede llegar a despertarte conflictos, tristezas, o hasta un sentido de vacío existencial? ¿Quizás considerarías prestarte más atención, cierto?. 

Entre las responsabilidades, el “otro” (familia, pareja, amigos…), las múltiples distracciones, e incluso el mismo temor a encontrar lo que puede haber en nuestro interior, solemos desplazar con regularidad este espacio, posicionando la ausencia sobre la presencia; pareciera que es más “sencillo” mantenernos ocupados y mirar afuera, en lugar de detenernos y mirar adentro. Es como si actuáramos en “piloto automático” dejando que la vida nos pase sin damos cuenta, cuando más bien se hace vital brindarnos este momento. Pero antes de profundizar en su importancia, primero te compartiré (desde una visión muy personal) ¿Qué significa conectar contigo mismo?.

Significa emprender un viaje interior donde estás presente solo para ti; observarte, descubrirte, reconocerte, escucharte, sentirte…Involucrando desde lo “agradable” hasta lo “desagradable”, respondiendo a tu autenticidad y al sentido profundo de tu existencia. Es entrar en contacto con lo divino que habita en ti (independientemente de lo que eso signifique para ti).

Esa oportunidad para centrarte en revisar objetivamente tu historia y tomar consciencia de tus pensamientos, creencias, pasiones, debilidades, fortalezas, sueños, desilusiones y mucho más; reflexionar, cuestionar lo que vives y cómo lo vives, con la intención de aprender, aceptar, integrar, y actualizar lo necesario para una vida más satisfactoria, que te funcione, te haga bien y que disfrutes.

Cultivar la conexión contigo mismo resulta fundamental para tu transformación y realización personal, mejorar tu bienestar, vivir a plenitud, en libertad, y paz interior. Aquí te comparto algunos puntos que reflejan con mayor detalle su importancia:

  • Responde preguntas sumamente valiosas para tu vida: ¿Quién soy?, ¿Qué quiero hacer con mi vida?, ¿Para qué estoy aquí?, ¿Cuál es mi verdad? (por nombrar algunas).
  • Reconoces tu esencia, tu verdadero SER.
  • Desarrollas sensibilidad, y te habitas de una forma más compasiva, saludable; amándote, entendiéndote, validándote… mejorando la relación contigo, e igualmente por consecuencia, la relación con los demás y el entorno que te rodea.
  • Aprecias y sientes goce por las “pequeñas” cosas… inevitablemente, tu mirada se transforma y te lleva a la conexión con la vida.
  • Reconoces tus verdaderas prioridades y encuentras tu propio equilibrio.
  • Desarrollas tu intuición, lo que te ayuda tomar las decisiones y acciones necesarias para tu mayor bien.
  • Te ayuda a calmar la mente y vivir más presente.
  • Aprendes a escuchar tu cuerpo e identificar las señales que te envía para poder prestar atención y actuar a tiempo.
  • Fomenta tu independencia y empoderamiento; liberándote de imposiciones ajenas (o propias), brindándote claridad para identificar y seguir tu propio camino, lo que realmente deseas. Todo desde un lugar de autenticidad, que da placer a tu corazón, y nutre tu espíritu.
  • Liberas sentimientos reprimidos, aligerándote y brindándote paz.

Espero que después de esta lectura te entusiasme mucho más la idea, y busques reservarte un momento cada día para cultivar esa conexión contigo mismo.

Namasté.

Autora: Lic. Marina Núñez (colaboradora).

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