La pareja no es la efímera unión de dos solitarios, es el encuentro de dos seres condicionados (mas no determinados) por el sistema familiar/cultural en el que se desarrollaron, por las historias personales que cada uno transitó, y por la memoria genética que heredaron en la que está presente el inconsciente colectivo/familiar de cada uno de los miembros de la relación. Todo esto condiciona la forma de estar en el mundo, y así, específicamente en la relación, donde cada uno crea vida en el otro o resta vida al otro, dependiendo de qué tan responsables se hagan los miembros  de esos aspectos con los que llegan aprendidos y automatizados al coincidir en sus caminos, y que quizás dieron resultado en algún momento, sin embargo que ya han perdido vigencia y siguen repitiendo sin conciencia y afectando así de manera negativa la relación.

Por todo lo anteriormente referido, la pareja puede ser la fuente de nuestras mayores satisfacciones y también de mucho sufrimiento, pues en ella proyectamos todo lo que cada uno tiene que resolver dentro de sí mismos, referido quizás a mandatos culturales o familiares obsoletos, o estados de ánimos (resignación o resentimiento) asociados a conflictos no resueltos con nuestros padres o parejas previas y heridas infantiles aún sin resolver que proyectamos en la relación, o que incluso nos conducen a elegir la pareja en cuestión.

De esta manera, nuestra relación es un espejo maravilloso para crecer ya que al asumir responsablemente lo que cada uno requiere sanar en sí mismo, es posible que se pueda  llevar la relación a otro nivel de vinculación. Esto quizás se hace más evidente a partir de las crisis que naturalmente emergen en la relación, por lo cual al asumir la decisión de desaprender y reaprender puede convertirse la crisis en una oportunidad de crecimiento, de evolución personal y de pareja, para la cual se hace indispensable mirar hacia nosotros mismos, asumiendo todas las posibilidades de sanación interna que trae la situación, mirando en nosotros mismos lo que muchas veces ponemos en nuestra pareja.

En este proceso la pareja requiere abrirse al acompañamiento a través de espacios de aprendizaje y transformación, tales como la psicoterapia o el coaching, que le permiten, al combinar el trabajo individual con el trabajo en pareja, transitar y cerrar viejas heridas, actualizar creencias, diseñar estrategias, entre otras muchas cosas. Así estos procesos funcionan potenciando a cada individuo, fortaleciendo su crecimiento personal para que puedan ofrecer la mejor versión de sí mismo, no solo para SI mismos, sino también para la relación, la cual al estar en ese proceso de evolución y cambio, desde el compromiso, la humildad y apertura para el crecimiento, puede irse reajustando y reinventando.

De tal manera que, sin duda alguna, la pareja es un espacio que nos desafía al crecimiento personal, un espejo que nos invita a la transformación.

Autora: Psicóloga Yesenia Fernández. Terapeuta familiar y de pareja.

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