Las emociones conforman la base de nuestra actitud ante la vida. Aún cuando son la expresión de estados biológicos en nuestro organismo (cambios a nivel neurológico), generan sensaciones cenestésicas de incremento o disminución del estado general de bienestar en el individuo, conllevando a la presencia de cambios conductuales significativos también.

Existen 6 emociones básicas que vivimos en nuestra cotidianidad, ellas son: la alegría, la tristeza, el miedo, la rabia, la sorpresa y el asco. Las características esenciales de las emociones es que estas cumplen una función adaptativa, son respuestas a estímulos específicos, por tanto momentáneas y pueden cambiar rápidamente. Lo que las hace determinantes en la actitud de un individuo es su potencia expresiva que puede traducirse en cambios conductuales relevantes.

Como ejemplo podemos imaginar a una mujer que recibe la noticia de que va a tener un hijo. Este es un estímulo muy específico que puede desencadenar diferentes emociones dependiendo de la historia de vida y situación actual de la misma. Podría generarse en ella una gran alegría, o un fuerte miedo, sea cual sea la emoción, se hará evidente por síntomas físicos que se presentan y que son característicos para cada una de las emociones. Pasado unos minutos, las emociones se habrán expresado de diversas maneras y el estado o las sensaciones que quedan pasan a llamarse sentimiento.

A diferencia de las emociones, los sentimientos son sostenidos en el tiempo y no cambian con tanta rapidez. Usualmente, los sentimientos se les llama a los sinónimos de las emociones, por ejemplo, si la emoción expresada por la mujer fue alegría, puede permanecer en ella un agradable sentimiento de felicidad, en cambio, si el estímulo produjo un gran miedo, podría sostenerse un sentimiento de intensa angustia.

La regulación emocional y sentimental, será el aspecto clave a considerar cualquiera sea el caso, pues allí queda en evidencia la inteligencia emocional de la persona, su capacidad de conectarse con lo que siente y expresarlo de manera saludable, esto quiere decir, sin hacerse daño a sí mismo ni a otros.

Para lograr esto, uno de los pasos principales será reconocer el valor que tiene la capacidad de sentir cada una de las emociones que se presentan en su día a día, comprender el mensaje y aprendizaje que traen consigo, la importancia de aceptarlas como parte de sí mismo y aprender a fluir con ellas. Todo esto permitirá a la persona una adecuada gestión de las emociones, evitando desbordarse y generar conflictos emocionales de mayor magnitud que pueden impactar su funcionamiento normal en su vida diaria.

Autora: Psic. Jovana Villalobos

Suscribete

Unete a mi lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones.

You have Successfully Subscribed!