“Eres lo que comes” es una frase muy utilizada en el mundo de la nutrición, sin embargo, ampliando su idea, podemos decir que: somos lo que comemos, absorbemos, metabolizamos y excretamos.

Todos estos procesos ocurren gracias a la labor de nuestra microbiota intestinal, que son el conjunto de microorganismos compuestos por bacterias, levaduras, parásitos y virus, que al estar en equilibrio se encargan de absorber y metabolizar la información que traen los alimentos para nosotros. Esta información se traduce en síntesis de compuestos bioquímicos, neurotransmisores, respuestas hormonales y el uso o desecho de micronutrientes esenciales, lo que nos lleva a una respuesta anímica y psicológica específica.

La relación intestino-cerebro estudiada por el campo científico, la vivimos de manera inconsciente a través de las siguientes experiencias (muy comunes): “las mariposas en el estómago” cuando sentimos felicidad, amor o alegría. También por “el nudo en el estómago” a causa de una mala noticia o impacto negativo. Así mismo solemos estreñirnos por stress o sentir alivio emocional al comer chocolate. Ante este fenómeno yo te pregunto: ¿La ansiedad predispone a las personas a tener gastritis o la gastritis hace ansiosas a las personas?. Si uno tiene el estómago ardiendo no puede estar tranquilo.

El intestino se comunica y el cerebro responde. Esos fueron ejemplos de cómo la información que traen los alimentos mediados por nuestra microbiota “controlan” nuestras emociones, estados de ánimo e incluso pensamientos. Tener este conocimiento es importante porque nos ayudará a elegir alimentos que modulen positivamente nuestra microbiota intestinal y así conseguir un equilibrio integrativo desde nuestro centro (intestino).

Autora: Nutricionista María Gabriela García.

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